¿Qué se siente al entrar en una sauna?

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¿Cómo? ¿Aún no sabes qué es entrar en una sauna y notar toda la humedad por tu cuerpo? Y eso que es una de las exportaciones finlandesas que más ha conquistado el mundo. Cualquier hotel que se precie debe tener una.

Pero no pasa nada. Si no has ido a una sauna, aquí te explicaremos cómo es entrar en una. Te sentirás como si de verdad estuvieras entre el vapor que desprende el agua entre las piedras.

Sauna Finlandia
Una sauna eléctrica finlandesa.
Para adentrarte en muchas saunas tienes que salir de casa. Este detalle sería irrelevante si la gente saliera vestida. Quita, quita. Uno se desnuda ya en su vivienda, y luego ya abre la puerta para emprender el (corto) camino. En verano no hay problema, salvo por los vecinos. En ese caso, albornoz. Pero en invierno se hace divertido por el fresquete.

Bueno, ya estamos dentro. Posiblemente hayas decido pasarte antes por agua, o no. Eso ya es decisión tuya. Nada más entrar ya has notado un golpe de calor importante. Puedes estar a temperaturas cercanas a 100 grados.

Si te has duchado, verás que rápidamente tu cuerpo se está secando. Más incluso que esas tardes de verano que estás a 30 grados en la playa. Pero, como dicen, todo lo que sube, baja. Trasladado a este tema, se retira el agua de tu piel. Y pronto empieza a sudar. Como si estuvieras otra tarde de verano corriendo, pero sin cansarte.

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La habitación de madera comienza a refrescarse. Cuando digo refrescarse, digo bajar de 80 a 70 grados. Apenas se nota la humedad en el ambiente, así que decides echar agua a la estufa. Y ahí es cuando viene el clásico sonido. El del líquido que se evapora casi al instante. Es como el momento en el que haces comida en casa y echas aceite en la sartén caliente. También lo puedes reproducir en tu casa echando agua en tu estufa, aunque sea una convencional.

La sauna y el löyly

Sauna calor
It’s getting hot, hot, hotter than hell… 🎶
Y qué decir del löyly, el vapor que se desprende. Se eleva rápidamente y desaparece en un abrir y cerrar de ojos. En apenas unos segundos te llegará la sensación de calor. Y si has echado mucha agua, es posible que incluso sientas algo de incomodidad o agobio al respirar en esos primeros momentos. Pero es cuestión de aguantar un poco, se pasa rápido.

Y el vihta. Golpearte con este manojo de ramas con hojas, aún verdes, es de lo más típico. Te golpeas fuerte porque te han dicho que es bueno para la salud. Y, de paso, algunas de esas hojas se te quedan pegadas al cuerpo con tu sudor.

Mientras tanto, sigues viendo cómo cada vez sudas más. Te va bajando la gota por la cara, en tus brazos cada vez se van acumulando más. Va siendo hora de salir. Porque esto no es un concurso, aquí no vas a ganar nada. Yo no suelo quedarme más de 10-15 minutos por ronda. Evidentemente en una sesión entera puedo estar media hora o más fácilmente.

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Una vez fuera, te pasas por agua, o te vas a la nieve, y de nuevo repites. Ese contraste de temperatura es brutal. Y lo mejor es cuando ya has salido y te tumbas en tu cama. Parece que tienes el cuerpo reventado, pero a la vez sientes cierto bienestar. Y también muy limpio.

¿Cómo han sido tus pasos por la sauna? Como siempre, nos puedes dejar tus comentarios aquí abajo. Y sí, te responderé 🙂 .

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