Mallorquines en Finlandia: conociendo a dos expatriados

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Encontrarte gente en el extranjero que no solo es de tu país, sino de tu misma isla, te hace comprender lo pequeño que es el mundo. Yo he nacido en Mallorca (España), y por eso la última vez que estuve por el norte me dediqué a buscar a un par de mallorquines en Finlandia. Y vaya si los encontré.

La primera historia es un reflejo brutal de lo que te intento transmitir. Se mudó a Finlandia en verano de 2012 y ha acabado viviendo a pocos minutos de donde reside mi abuela, en la misma población, Korso. Casualidades de la vida. ¿Su nombre? Ana Sánchez Reunanen. Descubramos mejor cuál es su historia.

Mallorquina en Finlandia
Ana Sánchez Reunanen, mallorquina en Finlandia durante la sesión de fotos para la entrevista.
Su principal motivación fue el trabajo. “Quería salir también de la rutina de Mallorca y se me ocurrió la genialidad de mandar currículums a Finlandia”, nos comenta Ana. En este punto conviene recordar que ella, al igual que yo, tiene madre finlandesa. Y un buen día, un hospital de Kuopio le llamó. Todo fue bien, a excepción de su título de técnico de laboratorio, ya que lo tenía que convalidar. Por una formalidad, se le escapó la primera ocasión de empleo.

Este primer viaje a Finlandia acabó en nada, volviendo a España para lograr los papeles para esa convalidación. De hecho, su lucha aún no ha acabado. Luego voló de nuevo al país y estuvo unos siete meses muy duros viviendo en casa de su tía. Finalmente, logró arrancar ya que tiene “algo” de auxiliar de enfermería.

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Aun así, siguió buscando trabajo en hospitales, pues el dinero que le entraba era aún insuficiente. “Increíblemente, no sé cómo, me llamaron para una entrevista en la Lastenklinikka (clínica infantil). En principio era un trabajo de verano”. Sin embargo, le fueron haciendo contratos y logró establecerse. Y así estuvo dos años. En el momento de la entrevista estaba haciendo una sustitución en un hospital de Helsinki.

Escuchemos un poco a Ana durante la entrevista:

En cuanto a su adaptación al país, el hecho de haber visitado Finlandia cuando era pequeña ya le daba una idea de a lo que se enfrentaba. “La comida finlandesa siempre me ha gustado muchísimo, son recuerdos que te quedan de cuando eres pequeño”. En general, no ha sido un proceso complicado para ella. Lo más difícil, el clima y la oscuridad. En cuanto al tema laboral, también le ha costado mucho, ya que “van muy al pie de la letra”, es decir, son muy estrictos.

Una vez en el hospital de niños se encontró un niño con padre español, y les atendió en castellano. “Vino la jefa y dijo que no podía hablar español con ellos, solo finlandés. Como el niño tenía que aprender finlandés con narices, no podía hablarle español”.

Sobre ella, en cuanto al idioma, llegó al país con ya unos conocimientos. Eso sí, tuvo que apuntarse a cursos para mejorar. Y aún lo hace. “El tema de escribir lo llevo ahí, tirando, tirando”, confiesa. Además, Ana por su profesión tiene la dificultad del lenguaje técnico. Por otra parte, en una ocasión que llevó a su novio a Palma (Mallorca), le indicó el lugar en el que estaba una kukkakauppa (tienda de flores). El problema es que se confundió… y dijo kuppakauppa (tienda de sífilis).

Mallorquina Finlandia
Fotografía número 13.212, al fin consigo una foto de Ana con los ojos abiertos.

Tirando hacia otro de los temas estrella, el racismo, ella no lo ve tanto así, cree que se da más en pueblos y personas mayores. Es más, ella cuando dice que es española, mucha gente se emociona e intenta decir algunas palabras en su idioma. Puedo corroborar que eso es típico, típico de ellos.

¿Echa de menos Mallorca? Le resulta imposible no olvidar la comida. “Lo primero que hago es comer marisco como una loca“, También “irte al bar, a cualquier terraza, tomar una cervecita”, a pesar de que le dijera que no me comentara eso. Es un clásico. Y, otro clásico, la familia. “Cuando voy, son como vacaciones, es distinto”.

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Tras la entrevista, nos fuimos a hacer una pequeña sesión de fotos. “Coge unas cuantas, que en muchas salgo con los ojos cerrados”, me advierte, y con razón. Decidí que el sitio ideal era el parque que hay alrededor del río, Ankkalampi. A pesar de llevar más de un año en el pueblo, Ana aún no lo conocía. Y la imagen que nos encontramos, bueno… Estaban en obras. No pudimos entrar por una de sus entradas, las barreras lo impedían. Así, nos medio perdimos al intentar buscar otro punto por el que adentrarnos. Por suerte, solo fue cuestión de caminar.

Mallorquines en Finlandia: Juan José Cabré

No muy lejos de ahí vive Juan José Cabré. En Mallorca fue ciclista, trabajó en EMAYA (Empresa Municipal de Agua y Alcantarillado) y fue allí donde conoció a su mujer finlandesa, con quien ahora tiene dos hijos. Ahora reside en Espoo, muy cerca de Helsinki. Nos citamos en un restaurante típico de Finlandia, bastante poco conocido, pero barato. Se llama McDonald’s.

Mallorquines en Finlandia
Juan José Cabré, uno de los mallorquines en Finlandia.

Al principio, fue su mujer quien se mudó a Mallorca. Pero no encontró nada de trabajo y decidieron probar de ir a Finlandia. Además, sabía que sus retoños “no podrían estudiar tan bien como en Finlandia, allí tendrían que haber ido a Madrid”. Fue “por amor a mis hijos y a mi mujer“. Esta mudanza se produjo antes de que yo naciera, en 1989. En esos años “había mucho trabajo”, dice con contundencia. Además, fue con la mentalidad de vivir como un nativo, sin importarle las horas de sol ni otras cuestiones.

Sobre sus hijos, tomó la decisión, “tal vez errónea”, de hablarles español, y no mallorquín. “Pensé que el castellano lo emplean 500 millones en el mundo, y el mallorquín, cinco”. Ahora está decidido: “si alguna vez tengo un nieto, voy a hablarle mallorquín”.

Rápidamente se incorporó a Orion Pharma, una de las farmacéuticas más importantes, donde trabajaba el marido de la hermana de su mujer. “Fíjate si había falta de gente que le dieron 600 marcos si me quedaba más de cuatro meses”. Se metió en los almacenes en un momento en el que apenas hablaba finlandés. Ahora lo pronuncia a la perfección. Hablando con él en español, ya dice “okey” igual que un nativo.

Él ya conocía Finlandia después de haber hecho algunos viajes con su mujer, por lo que no notó un choque cultural grande. Y, de hecho, ya se considera parte del país. “Cuando estoy en Mallorca soy mallorquín, cuando estoy en Finlandia soy finlandés”. Lo que sí que le costó fue la comida. “Allí las gambas frescas, aquí no las puedes comer”, menciona entre risas. Y lo de ir a trabajar de noche y volver a casa de noche también le sorprendió, se veía como un vampiro. “Tomo vitamina D, por supuesto”, cuando hay pocas horas de sol.

Una iniciativa bastante curiosa que hizo en su trabajo son unas clases improvisadas de español. “Cuando me va bien para ir a comer, mando un mensaje quienes sé que van a venir (10-12)” y si muchos confirman, reservan una mesa en un restaurante. Allí van conversando -de lo que sea- entre bocado y bocado, y así aprenden. “Uno aprende por hobby, otro porque le gustan los pájaros y va a Andalucía a verlos”, comenta Juan. Por cierto, Orion hizo un vídeo para su canal de YouTube, y fue todo un éxito. Veámoslo.

Tras todo este tiempo, lo que más echa de menos es su madre, quien está algo enferma. O también las excursiones con los amigos en la zona de Sa Foradada, en la sierra. A pesar de esta añoranza, apenas se ha relacionado con otros mallorquines en Finlandia. Con otros españoles sí que va a las recepciones del día de la hispanidad o a hacer paellas. Pero con mallorquines, solo conocía uno. “Un día se fue a devolver las botellas vacías, compró lotería y le tocó un millón y pico”, recuerda con una sonrisa en su cara. Ese hombre volvió a Mallorca, donde ya ha muerto.

Además, ya se nota todo este tiempo que vive en Finlandia. Cuando uno está fuera de su país mucho tiempo, se le nota en la manera de hablar. Se le olvidan palabras contadas, su acento se transforma. Es parte del proceso.

Sobre los finlandeses en general, intenta huir de los prejuicios, pues no hay dos iguales. Aun así, no duda al decir que “conoces más a un latino en cinco minutos que a un finlandés en cinco años”. Tardas, pero al final se sueltan. “Tienen un corazón muy bonito“, descubre después. Por otra parte, en cuanto al trabajo, le gustan mucho sus maneras. “Aquí la gente se respeta. Un ingeniero es una persona normal”, remarca.

Ni a Juan ni a Ana les había visto anteriormente. Pero a la hora de vernos fue como si no tuviéramos dudas de quién era el otro. Será que los isleños somos capaces de identificarnos solo con vernos. En fin, un placer conocer a estos dos mallorquines en Finlandia. Solo espero poder verles de nuevo pronto. A ti, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención de estos dos expatriados?

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